Crónica de LENDAKARIS MUERTOS y SATXA en SANTIAGO DE COMPOSTELA (03/02/2018)

Comienzo esta crónica con un innegable sentimiento de confusión, y quizá la mejor manera de arrancarme algunas líneas sea con las palabras de agradecimiento que tuvieron “a título póstumo” y –bandas que el pasado 3 de febrero crearon vida en la sala Capitol de Santiago de Compostela.

20:30 – APERTURA DE PUERTAS

Hacía frío.

Apenas sentía las manos y entrar a la sala era el mayor deseo de los primeros ingenuos –en el mejor sentido de la palabra– que, puntuales, doblamos la esquina de la Capitol, hogar de tantas y tantos adictos a un directo musical que abrió sus puertas en el año 2003.

Poco a poco (más vale pasos pequeños pero firmes), la cola –breve– que se formó en el exterior fue traspasando la ya conocida puerta roja de terciopelo que separa el recibidor de la sala del espacio más protegido (musicalmente hablando).

20:45, sigo confusa, estoy en un concierto de punk y el ambiente es, cuanto menos, tímido.

21:00 – SIEMPRE ES BUEN MOMENTO DE DESCUBRIR UN NUEVO GRUPO

Tras la media hora de rigor (y con un ambiente que seguía denotando aires de timidez), las luces abandonaron ese azul color ambiente: comienza el espectáculo.

“Ha caído el muro, llegó la prosperidad, murieron las utopías, enterradas por el capital” Con esta declaración de intenciones, la banda Satxa –Satxa na leira originalmente– abrió su bolo, un bolo cargado de letras reivindicativas que calaron bien entre el público durante la hora que duró aproximadamente su concierto.

Tras La raza maldita, un tema que versa sobre los propósitos que dejamos atrás por miedo a considerarlos meras utopías (hay quien quizá quiera ir más allá y ver en esta letra una crítica a una sociedad sometida por los grandes poderes), siguieron otros temas como Memoria o No tengas miedo, temas pertenecientes a sus dos trabajos “Moita leira por Satxar” (2015) y “Al borde del abismo” (2017).

Eran las 21:17 cuando llegó la primera versión de la noche: Lineoleum, de la banda NOFX (punk-rock desde California; 1983). No fue hasta ese momento cuando reparé que la banda invitada estaba tocando con la batería del próximo (y esperado) grupo: Lendakaris Muertos. Todo un ejercicio de compañerismo (al fin y al cabo montar y desmontar una batería no lleva cinco minutos).

A la sombra del hambre y del odio, Satxa fue avanzando en su setlist, tocando El Infierno (vais a permitir que destaque este tema como favorito), llegando a la segunda versión de la noche: 12 mandamientos de la formación Porretas. Fue la suma de ambos grupos lo que terminó de animar y arrastrar a la gente hacia las primeras filas.

Miré a mi alrededor: pocos huecos vacíos. El aforo fue llenándose a medida que el concierto avanzaba y ya no quedaba ningún rastro del frío que nos mataba hacía cuarenta minutos. ¿Y todavía hay quien no entiende lo necesario de un directo?

Pensamientos aparte; las canciones de Satxa fueron sucediéndose en el setlist de manera que, pretendiéndolo o no, el grupo consiguió un equilibrio perfecto a la hora de mostrar el trabajo de sus dos discos.

Un equilibrio que se vio alterado por la última versión que escucharíamos en el bolo de esta banda de punk cuyo origen hallamos en el 2010. Historia triste de Eskorbuto (coreada en la Capitol hasta dejarnos la garganta) anunció el final del concierto junto con la colaboración de Ezetaerre, quienes en su interpretación no dudaron en vestir una chaqueta lanzada al escenario que tenía por estampado la bandera de Venezuela (una chaqueta que daría mucho juego en el show de Lendakaris) y a quienes Satxa agradeció que se volvieran punks por un día.

A Satxa darles las gracias, porque como dije antes, siempre es buen momento de descubrir a un nuevo grupo.

21:58 – LENDAKARIS MUERTOS, VENEZUELA Y EMILIO CAO

Llegó la hora estándar en un concierto y no pude evitar pensar que esto de ver a los Lendakaris en primera fila ya se estaba convirtiendo en rutina. Esta fue la cuarta –o quizá quintaocasión en que disfrutaría del espectáculo de los navarros… y ya adelanto que volví a llevarme parte de esos “tesoros” que lanzan desde el escenario.

De fondo se escuchaba el sosegado Riders on the storm de los Doors… Una buena táctica para amansar a las fieras antes de que se desbocaran. Porque sí, nos desbocamos (como siempre).

Eran las 22:22 cuando sonó el emblemático himno de la URSS y los Lendakaris comenzaron este concierto-presentación de su último trabajo: Podrán cortar la droga pero no la primavera y “Gore E.T.A” abrió el setlist. Yo, a título personal, volví a experimentar esa sensación de “esto es lendakarísimo”. A este primer tema le acompañaron, a modo de introducción “Último resort”, “Cerveza sin alcohol” y “Ni sí, ni no”. Todo clásicos, vaya.

¿Recordáis la chaqueta de Venezuela? Volvió a subir al escenario y la cara de Aitor (voz) reflejó toda una circunstancia de sentimientos encontrados: “Maduro está gordo, por eso me queda grande”. El público allí presente reímos con ganasy todavía me sorprendo de que a nuestros diafragmas no les dieran espasmos. Sin duda, Venezuela estuvo presente en el concierto –aunque fuera de manera simbólica.

Sin dejar de lado el humor, los acordes de Urkullu indicaron que Capitol se convertiría en el último Txakurra, que íbamos a encender nuestros detectores de gilipolleces y que, cómo no, íbamos a comer la franja de gaza, tema tras el cual la banda manifestó su devoción por esta tierra de meigas: “Galiza siempre de puta madre”. Y qué razón.

Sin duda alguna, los navarros saben cómo conectar con el público desde el primer compás y eso se tradujo en una gran complicidad en la sala. Tras Estamos en esto por las drogas, fuimos los asistentes quienes tuvimos el micro en nuestras manos. Era nuestro momento, y también lo fue el de Emilio Cao (joven acusado de agresión y atentado contra la autoridad en las pasadas Marchas de la Dignidad del 2014 en Madrid). Al grito de: “¡Absolución Emilio Cao!” Capitol nos arrancamos a aplaudir.

Está claro que en un concierto de Lendakaris Muertos no pueden faltar la(s) reivindicación(es).

23:04, lo malo de estar en las primeras filas es que la calidad del sonido empeora”. Culpa mía, claro.

La noche avanzó, y con ella el setlist. Tras el anterior grito reivindicativo, Lendakaris se lanzaba –muy acertadamente– con Héroes de la clase obrera, tema que tocaron entre el público. Tras esto llegaron himnos como Húngara Chúngara, o Gora España (una canción que tumbó, literalmente, las vallas de seguridad en el concierto que ofreció la banda en la Sala Túnel de Coruña en noviembre de 2016).

Ver a Lendakaris Muertos algo menos de dos años después confirma que la banda no pierde un ápice de la energía que les caracteriza, y eso se agradece. No, no tienen una gran voz (y tampoco les hace falta).

Con el 4K llegó el momento tecnológico de la noche. 4K es el tema que marca la dinámica del nuevo trabajo: crítica y humor, algo en lo que los navarros –tras Cicatriz en la Matrix (2016) o Vine, vi y me vendí (2008)– ya tienen un máster.

Y con el público entregado, el concierto llegó al éxtasis con un invitado especial: un oso panda a escala. Tras cantar Veteranos de la Kale Borroka, ETA deja alguna discoteca, y hacer del escenario una función de teatro improvisada de temática amorosa –más bien, la rave del amor subiéndose al escenario gente de las primeras filas– apareció en el escenario un oso panda “real” –entiéndase aquí un sentido figurado– que, cual cheerleader, animó al público a saltar cada vez más alto. Un maldito oso panda corriendo de lado a lado del escenario. Imagínense.

Tras la maratón, cesó la voz, cesó la guitarra, cesó el bajo y cesó la batería. Nuestros pies tocaron suelo y asumimos que el concierto, tras las ojeras farloperas había llegado a su fin –musicalmente hablando–, ya que el cantante de la formación atendió a los presentes sacándose cuantas fotos le pidieran.

A Lendakaris, al igual que a Satxa, darles las gracias. Porque la humildad siempre hace grande a una banda.

¡Obrigado Compostela!

¡Moitas grazas Compostela! ¡Moitas grazas, Galiza!

Texto y fotos:

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